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El título puede parecer duro, pero lo explica claramente, ayer recibí una HOSTIA de realidad que va a ser difícil que se me olvide en mucho tiempo.

Me considero una persona que ha vivido experiencias difíciles, que ha tenido que luchar por ser feliz, pero lo que experimente ayer, aunque pueda parecer “normal“ para algunos por la etapa en la que nos encontramos, a mi me impacto en gran medida. Siempre he sido una persona entera, que sabe comportarse y educado, pero ayer perdí los papeles como nunca antes, y lo peor de todo es que no me pude controlar.

Martes, 29 de Mayo de 2012. Son las 20:30 y me dirijo a hacer la compra en un supermercado cerca de donde vivo. El día es soleado, la temperatura asciende hasta los 30º y la alergia me invade el cuerpo. Llego con el coche al parking del supermercado, lo aparco y comienzo a hacer la compra.

Hasta aquí todo bien, nada inusual, las típicas dudas del comprador habitual: “que si compro la leche pascual o de marca blanca que es igual de buena”, “que si lechuga cortada en bolsa o la lechuga entera”, “que si algún bollo o perder esos kilos de más”, etc.

Después de media hora dando vueltas por los interminables pasillos del supermercado, termino de hacer la compra y me dirijo a las cajas. Es una hora bastante concurrida por personas que compran al día, entonces la cola es de unas 6 personas por caja. Decido cual de ellas corre más y me pongo detrás de la última persona y espero mi turno.

Es aquí cuando todo empieza. En la cola de la caja justo a mi izquierda hay una señora con dos niños pequeños poniendo su compra en la cinta de la caja. Todo sigue aparentando normalidad, aunque si que noto que en la cinta hay “pocas” cosas, y pienso que, en mi situación “si tuviese que dar de comer a mi barriga, y a otras dos, compraría más cantidad y calidad”. Llega el momento de que la señora pague la compra. Lo voy a contar en modo diálogo para que intentar meteros más en la historia:

  • Yo: – A falta de dos personas para que me toque en la caja -
  • Señora: – Mientras la señora busca y busca y requetebusca en el bolso – Por favor… ¿Alguien me puede ayudar con 4€ para poder pagar la compra?

Un pequeño inciso, la señora es una mujer morena, de unos 40-45 años, de altura media y con buena imagen.

  • Gente allí presente: – Todo el mundo se gira para mirar a la señora pero nadie contesta
  • Yo: – Ante la situación empiezo a buscar en mi bolsillo a ver si tengo suelto, pero no encuentro nada -
  • Señora: Por favor, necesito 4€ para poder dar de comer a mis hijos… ¿Alguien me puede ayudar?
  • Gente allí presente: – Nadie contesta, indiferencia brutal
  • Yo: – Vuelvo a mirar en otros bolsillos por si hay suerte y aparece algo, pero nada -
  • Señora: – Llorando – ¡Por favor, necesito ese dinero, me he quedado sin trabajo y este mes no me llega ni para dar de comer a mis hijos!
  • Hijos de la señora: – Empieza a notarse su cara de preocupación
  • Yo: – Me acerco a la señora –  ¿Qué necesita? – Sabía perfectamente lo que necesitaba, pero hice la pregunta por si quería algo más
  • Señora: – Llorando – Necesito pagar esta comida para que mis hijos puedan cenar esta noche.
  • Yo: Le pagaré la comida,  no se preocupe, pero, por favor, deje de llorar.
  • Señora: – Llorando – Muchas gracias, dios le bendiga.
  • Yo: – Dirigiéndome a la gente allí presente – ¡Es una vergüenza que nadie haya dicho nada! ¡Espero que ninguno de los presentes tengáis que pasar por esta situación porque os acordareis de este día!
  • Una persona allí presente: No es mi problema.
  • Yo: – Indignado – ¿Qué no es tu problema? Pues espero que algún día lo sea para que te des cuenta de lo que estás haciendo y diciendo.

En ese momento me giro, me dirijo de nuevo a la caja con la señora, pago 7€ (uso 3€ extras, por mi propia cuenta, para pagar una chucherías a los niños, que tenían una cara de asustados que no podían con ella, y me voy a por mi compra que seguía en la mitad del pasillo, no sin antes tener una mirada, de esas que hablan, con la única persona que se había dignado a decir algo (Aunque hubiese sido mejor que se hubiese callado). Una vez pagada mi compra, salgo y allí, en la puerta está la señora. Me mira, la miro, me acerco, ella y los niños se acercan y me dan las gracias de nuevo. Los niños me tiran del pantalón, como para que les prestase atención, me agacho, y me dan dos besos con los labios sonrientes llenos del azúcar de los caramelos que les había regalado. Es en ese momento cuando nos despedimos y nos deseamos suerte en la vida.

No me considero ningún santo por haber pagado 4€ de comida a una señora y a sus hijos, ¿Estamos locos? ¡Es lo que me gasto en un paquete de tabaco! Solo hice lo que había que hacer, y era ayudar a esa señora. Respecto a las personas allí presentes, no voy a darle más vueltas, pero en una zona como la que vivo, donde los todoterreno de lujo parece que los regalan, que nadie reaccione ante este tipo de situaciones me cabrea mucho, tanto como para plasmarlo y compartirlo en una entrada de mi Blog, algo que no suelo hacer.

La situación es difícil, soy consciente, hoy en día todo el mundo tiene algún familiar, amigo, lo que sea, que ha perdido su puesto de trabajo y se encuentra en una situación difícil, pero… ¿Tanto como para no poder dar de comer a sus propios hijos? Siempre existe alguien que te puede ayudar, pero parece que esta señora estaba sola y perdida, y me confeso que nunca había pasado por algo así, pero que no pudo contenerse.

Este es un tema muy delicado, y que esta empezando a afectar a muchas personas. Solo espero que todos salgamos adelante lo mejor que podemos. Por favor, si te has sentido identificado, tanto para lo bueno como para lo malo, deja tu comentario o comparte esta entrada.

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